Lealtad, una palabra que nos define

Cada 17 de octubre siento el mismo deseo: “cómo me hubiera gustado estar aquel día en la Plaza de Mayo”.
Seguramente es el anhelo de la mayoría de los peronistas nacidos en la segunda mitad del siglo pasado y de los jóvenes del nuevo siglo.
Y cada 17 de octubre, me respondo lo mismo: no tuve la suerte de estar allí, pero la vida me da oportunidades cada día de comprometerme con ese ideario que nos forjó a millones de argentinos.
Para los peronistas, la palabra Lealtad nos emociona y nos define. Pero también nos compromete. Porque aquel día, fue la Lealtad de un pueblo con su líder, con quien supo interpretar como nadie hasta ese momento de nuestra historia los padeceres, las ilusiones, las demandas, la dignidad postergada de la mayoría del pueblo.
Y ese movimiento al que orgullosamente pertenezco me compromete no solo cada 17 de octubre sino todos los días del año a renovar la lealtad con quien conduce, con mis pares, con mi gente, con cada uno de los hombres y mujeres que continúan con sus padeceres, sus ilusiones y sus reclamos. Porque la Lealtad aquel día salió de los barrios, de las fábricas, de los talleres para poblar las calles y pedir por su líder. Era “el subsuelo de la Patria sublevada”, como dijo el gran Scalabrini Ortiz, exigiendo la libertad de Juan Domingo Perón; pero exigiendo también por sus propios derechos. Un pueblo consciente del poder de su lucha.
Hoy, el desafío de cada peronista, es ejercer esa Lealtad hacia arriba, hacia abajo, hacia todos lados. Porque Eva nos enseñó que por cada necesidad nace un derecho. Y aprendimos que por cada derecho vulnerado los peronistas tenemos la obligación política y humana de restablecer la justicia social.
Hoy, como aquel 17 de octubre, hay quienes insisten en definirnos como el peor de los males. Aquel “aluvión zoológico” con el que se nos intentó insultarnos, hoy se ha convertido en otras descalificaciones. Que cada quien se haga cargo de lo que dice y lo que hace en el momento histórico que le toca vivir.
Los peronistas hemos salido a la calle a defender nuestras ideas. A la luz del día, sin escondernos. Y cuando nos tocó la proscripción, fueron 18 años en los que las paredes hablaban cuando nos silenciaron las voces. O cuando los bombardeos, las torturas, las desapariciones y los crímenes.
No nos quebraron en esos años oscuros. Menos lo harán ahora, en plena democracia. Es cierto que en momentos de confusión a veces nos confundimos y otras nos quieren hacer confundir.
Es entonces cuando debemos volver las miradas a aquel 17 de octubre de hace 73 años. A ese lugar donde quisimos estar. A mirarnos los rostros, entre iguales, entre distintos, entre los hombres, las mujeres, los viejos, los niños. Allí nos reencontraremos, nos reconoceremos y saldremos nuevamente a exigir por los derechos vulnerados.
Este 17 de octubre nos vuelve a poner en ese desafío. No tengo dudas de que estamos a la altura de las circunstancias que la Lealtad impone.

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