A LA HORA DEL BALANCE

Cada fin de año nos permite el ejercicio, personal y colectivo, de hacer un balance. De enfrentar las expectativas que nos planteamos hace 365 días con esta realidad que nos toca vivir. De enumerar en las columnas del debe y el haber los logros, los errores, los temas pendientes. Y llegar a una conclusión.
Desde lo individual se puede tener una óptica más o menos optimista o pesimista. Desde lo colectivo, desde la función pública, nos tenemos que ceñir a los hechos. A los datos objetivos.
Por eso me animo a decir que el balance que hago como legislador, como dirigente, como hombre de la política es positivo. Por lo hecho hasta hoy, que nos permite abrigar esperanzas para un 2019 que se nos presenta como un nuevo desafío. Como una oportunidad que hay que saber aprovechar.
Los argentinos estamos cerrando un año difícil. Tal vez uno de los más duros que nos tocó vivir desde el reinicio de la democracia. Inflación, tarifazos, caída del poder adquisitivo, desempleo, recesión, deuda, son apenas algunos de los aspectos que se pueden mencionar en el contexto de las políticas económicas que lleva adelante el gobierno nacional, que a todas luces van en perjuicio de las grandes mayorías, del pueblo trabajador, del pequeño y mediano empresario, del comerciante.
Hemos confirmado, a costa del padecimiento de millones de familias, que las promesas de campaña de Cambiemos no eran más que una estrategia marketinera y falaz. Y que los sucesivos pronósticos propagados por el oficialismo nacional no se apartaron de ese camino: no hubo segundo semestre ni brotes verdes ni era cierto que lo peor había pasado. Día a día, lo peor se hizo presente en cada hogar, en cada comercio, en cada fábrica.
Y si al ciudadano en particular le afectó este plan que priorizó la especulación financiera por sobre la producción, el consumo y el empleo, para las administraciones provinciales el panorama tampoco fue alentador. Por el contrario: los desaciertos económicos y políticos atentaron contra las economías regionales, las producciones locales y pusieron en serio riesgo la viabilidad de varias provincias.
En ese contexto, Tierra del Fuego sufrió los embates de un modelo de neto corte neoliberal. Sin embargo, la administración responsable, inteligente y con objetivos claros que desde el inicio de la gestión implementó la gobernadora Rosana Bertone permitió superar cada una de esas dificultades. La eficiencia en el manejo de las cuentas públicas y el esfuerzo de cada uno de los fueguinos, principalmente de los empleados estatales, consiguieron llegar a este fin de año con un balance positivo.
El pago de salarios y jubilaciones en tiempo y forma, los 180 días de clase efectivos, el inicio del proceso de reconversión industrial demandado por Nación, la incorporación de profesionales de la salud al sistema público, la apuesta a la obra pública como multiplicador de la actividad económica, son algunos de los aspectos a destacar, que nos permiten decir que cerramos el año mejor a cómo habíamos empezado.
Pero sobre todo, hemos mantenido la paz social. Los fueguinos sabemos lo que es padecer un clima de conflicto permanente, de conmoción social. La paz social no se resuelve de un día para el otro ni se da por superada una vez que se logra. Es un objetivo cotidiano, un compromiso ineludible si pretendemos alcanzar el crecimiento, el desarrollo, el mejoramiento de la calidad de vida de nuestro pueblo.
Se abre un 2019 con distintos desafíos: consolidar lo logrado, hacernos fuertes para superar los imprevistos, planear para el corto, mediano y largo plazo. Un año electoral, además, en el que dirimir en un marco democrático qué modelo de país, de provincia, de ciudad queremos.
En definitiva, un año que nos vuelve a plantear las dificultades que venimos padeciendo y seguramente otras, pero que nos abre una esperanza de encaminar el rumbo para el crecimiento del país y la felicidad de su gente.
En lo personal, me puedo definir como optimista. Como dirigente renuevo mi compromiso de trabajar para un futuro mejor, para todos.

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