DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INVERSIONES

Por estas horas, el equipo económico argentino participa del Foro Económico Mundial de Davos.
Algunas publicaciones especializadas en economía titulaban ayer que el ministro Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, viajaban a esa localidad suiza “en busca de inversiones”.
Fuera del contexto en el que estamos viviendo los argentinos y luego de tres años de la política económica implementada por la administración de Mauricio Macri, ciertamente el título es para generar expectativa.
¿Qué país con necesidad de crecimiento y desarrollo no iría en búsqueda de capitales internacionales para apostar a la producción? La respuesta es más que obvia.
Desde Tierra del Fuego, bajo la conducción de la gobernadora, se han implementado con éxito experiencias de este tipo (Foro de Inversiones y Negocios en el 2017 e Induarg 4.0, el año pasado). La idea fue ofrecer las condiciones para que el capital impulse nuestra producción industrial, turística, forestal, pesquera, etc.
Sin embargo, el espíritu entre una y otra administración es totalmente distinto. Mientras que desde la gestión que encabeza Rosana Bertone se apunta a la inversión productiva, que redunde en el crecimiento de la actividad económica con beneficios no solo para los empresarios sino también para los trabajadores y los fueguinos en general, desde el Gobierno nacional el concepto de inversión se reduce al aspecto financiero.
O siendo más claro, a la especulación, a la ganancia fácil y rápida, a la timba, en la que unos pocos obtienen réditos millonarios a costa de las grandes mayorías, que padecen las consecuencias de un capitalismo salvaje, usurario y abusivo. En definitiva, la fiesta de unos pocos.
Allí van, entonces Dujove y Sandleris, a mostrarle a los especuladores de siempre que Argentina sigue siendo un paraíso para los capitales golondrinas. A mostrar una vez más que con este modelo neoliberal volvimos a ser la cenicienta en el concierto económico internacional: pedir préstamos para pagar deuda y favorecer la fuga de capitales. A costa de cualquier precio.
Cualquiera de los índices que se consulten (nivel de endeudamiento, tasas de interés, riesgo país, fuga de divisas, rendimientos de bonos públicos) van en ese sentido.
No es casual ni caprichoso, de ninguna manera. Responde claramente a una política que, como todas, establece beneficios y perjuicios. Ya sabemos para quiénes.
Recientemente, Oxfam (una ONG que trabaja a nivel internacional) presentó un informe que señala que durante 2018, las 26 personas más ricas del planeta acumularon una fortuna equivalente a la de los 3800 millones de personas que conforman la mitad más pobre de la población mundial. El proceso de los niveles de concentración de la riqueza fue extraordinario, en un solo año, doblando casi los guarismos del 2017.
Argentina, bajo la actual conducción nacional, no escapa a esa dinámica. Por el contrario, la acentúa; los datos revelados la semana pasada por el Indec evidencian que la participación de los asalariados argentinos en el PBI se redujo 4,7 puntos solo en el tercer trimestre de 2018.
La estrepitosa caída en el poder adquisitivo, el agravamiento en las condiciones laborales y la destrucción de empleo tuvieron como correlato un incremento de 4,8 puntos en la participación de las ganancias de los empresarios nacionales.
Cuando los titulares nos dicen que “Dujovne y Sandleris van en busca de inversiones” debemos saber interpretarlos: la fiesta continúa. Y siguen siendo para unos pocos.

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