LA MEMORIA ESTÁ VIVA


Hoy es un día de reflexión. Un día de la memoria, que no solo es lo contrario al olvido. Es mucho más.
Al olvido se lo enfrenta con el recuerdo. Y son muchos los argentinos que recuerdan ese triste 24 de marzo de 1976 y lo que vino después. Lo recuerdan por sí mismos, llevan las marcas en su piel. Y también lo recuerdan por el prójimo, por el ser querido, por el hermano, el hijo, el nieto, el padre, por los hombres, las mujeres y los jóvenes que ya no están. El recuerdo del dolor y del horror está vivo en ellos y en ellas.
Pero la memoria es algo más que un recuerdo. La memoria es colectiva, la memoria es un sentimiento vivo. Por eso también les pertenece a las nuevas generaciones, las que no vivieron esa parte de nuestra historia, la más oscura de nuestra historia. Ya forma parte de nuestro ADN como argentinos.
No tengo dudas de que en estos más de 35 años de democracia nuestro cuerpo social ha generado las defensas contra los golpes de Estado, tal cual se dieron en el siglo pasado. Quienes vivieron aquella época en que golpear las puertas de los cuarteles era una salida a una crisis política aprendieron que siempre fue peor el remedio que la enfermedad. Lo aprehendieron. Y para los hijos de la democracia, saludablemente nunca fue una opción. Por esa lección mucho le debemos a los grandes hombres y mujeres que consolidaron este estilo de vida, no solo de gobierno. Desde el doctor Raúl Alfonsín hasta nuestros días.
Hoy es un día de reflexión y de memoria. Atentos a que esta barbarie que se corporizó el 24 de marzo de 1976 ineludiblemente ya forma parte del pasado -no así la búsqueda de la verdad y la justicia, que no debe cesar ni un instante-, la reflexión debe apuntar a una verdadera consolidación de una sociedad democrática. Que no se limita al sagrado acto de elegir a nuestros representantes.
Una sociedad democrática tiene pilares fundamentales: la libertad, la justicia, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la inclusión. Una sociedad democrática no admite el odio al que piensa distinto, el desprecio al otro, la opresión al débil, la indiferencia al desprotegido.
Miles de argentinos dieron su vida para que estos valores formen parte de la cotidianidad social. Miles continúan redoblando esfuerzos en pos de ese objetivo. Porque en definitiva, este contrato social que hemos elegido debe significar un mejor estilo de vida para todos.
Y vuelvo a citar al doctor Alfonsín: con la democracia, se come, se cura, se educa. Me animo a agregar que con la democracia se resuelven los conflictos, se hace justicia, se asumen los deberes, se ejercen los derechos. Con la democracia se piensa, se habla, se mira al otro. Con la democracia se vive.
Nos ha quedado claro: un 24 de marzo de 1976, nunca más.
Es hora de ir por más.