LO QUE NOS UNE ES EL PROYECTO

No fue sencillo alcanzar la unidad. En política, nunca lo es. Sobre todo, en un espacio tan amplio como el peronismo. Porque ese concepto, “unidad”, parece ser una vara que se ajusta según a quien se mida. A los peronistas nos exigen unidad. Y no lo digo por las bases, porque cuando el pedido surge desde allí más que un pedido es un mandato. Me refiero a los que desde afuera utilizan la unidad como pretexto para las críticas. Si nos unimos es porque lo único que nos interesa es el poder; si no nos unimos, cómo seríamos capaces de gobernar si no podemos ponernos de acuerdo entre nosotros.

En Tierra del Fuego hemos logrado la unidad. Hemos acatado ese mandato proveniente de las bases. Por eso estamos contentos; porque hemos sido capaces. Ahora bien, esta alegría que es genuina y compartida por miles de compañeras y compañeros de distintos espacios políticos no implica que nos demos por satisfechos. La unidad adquiere su real dimensión cuando se persigue un objetivo, se defiende un proyecto, se comparten ideales. No somos un club de amigos, no se trata de superar rencillas personales para alcanzar la unidad. Lo que está en juego no son nuestras aspiraciones personales sino el sueño colectivo.

Lograda la ansiada unidad, llegó el momento de explicarles a nuestros vecinos cuál es ese proyecto que nos une. Que no es otro que afianzar lo mucho y bueno que se ha hecho durante estos tres años y medio de gestión en la provincia, que es concretar lo que aún no se pudo alcanzar y es alcanzar los nuevos objetivos planteados.

No han sido fáciles los desafíos que debió enfrentar la gestión de nuestra gobernadora Rosana Bertone. Asumió con una provincia en llamas, al límite del estallido social, quebrada en sus finanzas, que no podía afrontar siquiera el pago de salarios a empleados públicos y jubilados. Parece historia pero no lo es; forma parte del pasado reciente. Y superado. Pero el objetivo de la gestión no era ordenar la administración: eso era el primer paso. Luego de ello había que lograr el crecimiento, concretar los planes para volver a poner de pie a Tierra del Fuego.

Se hizo, y en gran parte. A pesar de una política nacional que atentó contra los pilares fundamentales de nuestra provincia: la industria, la producción, las fuentes laborales. Una y otra vez, el gobierno de Cambiemos fue poniendo obstáculos que no solo impedían el crecimiento y el bienestar de los fueguinos sino que pretendieron dar por tierra los logros alcanzados en toda la historia de nuestra joven provincia. Y ante cada traba, hubo una reacción. La negociación, cuando se pudo; la postura firme e inquebrantable, cuando no. Porque gobernar y gestionar una provincia no es una claudicación ni una declaración de principios vacía e inconducente. Es la firmeza de tener claro los límites y los objetivos que aseguren el bienestar de sus habitantes.

Es hacerse cargo de las promesas incumplidas y de las deudas no saldadas por la administración nacional en lo que se refiere a subsidios y obras públicas. Es también, como en estos días, implementar las herramientas que estén a nuestro alcance para que esta política de ajuste interminable a la que nos somete la alianza gobernante tenga el menor impacto posible entre los fueguinos.

En definitiva, la gestión de Bertone fue superando los enormes obstáculos de la coyuntura y paralelamente fue afianzando su proyecto.  Que hoy sigue más vigente que nunca y es lo que nos une.

Ha llegado el momento de consolidarlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *