UN OFICIO IMPRESCINDIBLE

Pertenezco a una generación que se crió con el diario. Formó parte de mi cotidianidad. Como el café con leche del desayuno, como el timbre de entrada a la escuela, como el juego de la tarde después de los deberes. Ahí estaba el diario, en mi hogar. No como un elemento más. Creo que como un ser más. Algo con vida. Nada más vivo que un diario: sus noticias, sus fotos, el resultado de los partidos, la tabla de goleadores.
Un elemento -un ser- que se me tornó imprescindible a medida que fui creciendo. Más aún cuando la política pasó formar parte fundamental de mis inquietudes desde joven. Estar informado, conocer las noticias, analizar los acontecimientos a través de la opinión de periodistas de renombre pasaron a ser parte de mi ceremonia diaria. Imprescindible.
Al igual que la radio. Siempre el sonido de una radio acompañando mis tareas, mis estudios, mi trabajo, mi militancia. Atento a la noticia de último momento, a la voz confiable, cotidiana, amiga.
Crecí, me informé y me formé también gracias al periodismo. Lo sigo haciendo. El periodismo me resulta indispensable; me nutre, me enoja, me ayuda, me hace pensar, me apasiona, me mantiene vivo.
Sé que la profesión está pasando por momentos de incertidumbre. Sé de la preocupación de miles de trabajadores que han perdido su empleo o temen perderlo. Me solidarizo con cada uno de ellos.
A cada uno de ellos, de todos, les hago llegar en este día mi saludo más afectuoso. Mi agradecimiento. Y mi compromiso que desde el lugar que me toque ocupar, como dirigente, como lector, oyente, usuario, con los elogios y las críticas a las que me expongo por mi función, voy a reivindicar este noble oficio y sobre todo a quienes lo ejercen.
Salud en su día, periodistas.

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